Mi primer coach- antes de que existieran los coaches-

26 enero 2026 - Proyectos -
Sonia Moreno - _80a9733-ts20260126110759814446.jpg

Mi primer coach (antes de que existieran los coaches).

La curiosidad.

A los quince años estaba a punto de inscribirme en el Miguel de Cervantes de Murcia para estudiar dibujo —o expresión gráfica, como se llamara entonces—. Y un día aparecieron mi tío Rafa y su hermano Pepe, profesor del Instituto Ramón y Cajal. 
Me hablaron de la fotografía.
Dijeron muy poco. Yo no pregunté mucho.
Pero sus palabras despertaron en mí curiosidad por algo diferente.

Y fue suficiente para abrir una puerta.


Así llegué al Instituto Ramón y Cajal. 
Y, entre el personal docente, conocí a Marcos Carrillo Flores.

Durante mis cinco años de estudios en medios audiovisuales, fue, sin duda, el profesor que más me marcó. 
No solo por los contenidos, sino por su manera de ir más allá. 
Por su carisma tranquilo. Por su forma de mirar a las personas antes que a los resultados.

Con el tiempo entendí que también fue mi primer coach, cuando esa palabra aún no se usaba y mucho menos se llevaba.
Nos enseñaba a reflexionar, a soñar y a confiar en nosotros mismos.
Muchos de mis compañeros sentían que decía cosas raras y no le prestaban demasiada atención. Estábamos —y estaba yo también— demasiado ocupados en aprobar como fuera, en pasar cursos, crecer rápido y empezar a trabajar. Pero no sé por qué, yo siempre escuchaba atentamente cada una de sus palabras.

Marcos no buscaba impresionar.
No buscaba aparentar.
No buscaba convertirse en un ídolo.
Era una persona clara, sincera y profundamente interesada por sus alumnos. Con una gran capacidad de empatía y un deseo honesto de abrirnos la mente.
Me enseñó a ver al profesorado desde una cercanía poco habitual y a valorar aprendizajes que iban más allá de lo técnico.
De ahí nació una forma propia de mirar que me ha acompañado siempre.

De eso han pasado más de treinta años. Después han aparecido otros formadores muy importantes, pero siempre he sentido esa presencia, esa bondad serena que Marcos infundía en nosotros.
Y hay una frase que aún repite con calma, casi como un anclaje:
¡Recuerda, tú puedes!”

Ese es el tipo de profesor que hoy echo en falta y que siguen necesitando nuestros alumnos: personas que no necesitan ocupar el centro, sino sostener procesos; que no empujan desde fuera, sino que acompañan desde dentro; que, sin hacer ruido, dejan una huella profunda y duradera.

Más que un formador, un maestro: ¡Grande Marcos!


La fotografía de la nota —dirigida a Marcos— pertenece a los últimos años de mi formación en el instituto, cuando comenzábamos el periodo de prácticas en empresas. Warto, compañero de Marcos y también profesor del centro, formaba parte del estudio fotográfico Warto y Lucas, en la calle Sociedad. Allí se trabajaba la fotografía de producto cuando todavía se usaban placas, cuando la toma de fotografías esta limitada a uno o dos disparos por sujeto. Con ellos realicé mis prácticas. Fue una experiencia profundamente significativa.

Compartir 
Ver anterior